ARGENTINA
La cultura argentina está marcada por el carácter multiétnico y multicultural de su población, el fuerte sincretismo de sus formas de expresión, y una positiva valoración del progreso y la modernidad, en la que se conjugan, no sin conflictos, un sentido dual de pertenencia a las culturas europea y latinoamericana.
Música
Variedad musical argentina
Argentina es un país con diversas identidades y tradiciones culturales que dejan su impronta en todas las manifestaciones artísticas. La música es una de las más prolíficas y ha sido una de las plataformas fundamentales para colocar al país en la escena cultural mundial, con el tango como principal abanderado. Si bien es el género musical por antonomasia al describir a Argentina, la riqueza de sus composiciones en otros géneros no es menor.
Los géneros populares son aquellos que le han otorgado el mayor prestigio: el tango, el folclore y el rock han dejado una marca en la historia de la música a través de sus composiciones originales, fusiones y reinterpretaciones.
La música clásica cuenta con un desarrollo notorio; por el Teatro Colón de Buenos Aires han pasado intérpretes de renombre internacional. Y, lentamente, otros géneros y subgéneros musicales -como el jazz o los ritmos latinos- van encontrando referentes que enriquecen el panorama de la música local.
Tango
Esta amalgama de raíces africanas, europeas y criollas, es la contribución argentina a la cultura mundial por excelencia. De origen netamente popular, gestado en suburbios, prostíbulos y conventillos de Buenos Aires, el tango (que significa "lugar de reunión de los esclavos") es inseparable de la melancolía de su música y letras y la sensualidad y pasión de su danza.
En sus inicios, que arbitrariamente podrían situarse a mediados del siglo XIX, eran la flauta, el violín y la guitarra los principales instrumentos utilizados. A partir de 1900, con la fuerte presencia inmigratoria, se sumó el bandoneón, el cual tomó un protagonismo que dura hasta hoy.
Carlos Gardel, el "Zorzal Criollo", fue quien popularizó el tango como canción durante las primeras décadas del siglo XX y se convirtió en el emblema mundial de este género y en un símbolo de la cultura argentina.
A partir de la década del 40, con la consolidación de las industrias culturales locales, en especial la radio y el cine, el tango entró en su edad dorada, con compositores y cantantes como Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Enrique Cadícamo, Tita Merello, Virgilio y Homero Expósito, Alberto Castillo, Enrique Santos Discépolo, Horacio Salgán y Homero Manzi, entre una innumerable lista.
Roberto Goyeneche inició su carrera a mediados de los 50. Sin embargo, fue uno de los tangueros más versátiles, dueño de un fraseo y estilo único que lo ubican transversalmente a lo largo de la historia del tango. Hasta su muerte, en 1994, fue reivindicado por todas las generaciones. Además, el "Polaco" Goyeneche apadrinó la carrera de Adriana Varela, singular cantora que se ha posicionado como una de las voces femeninas actuales del 2x4.
Entre los 60 y los 70, el tango vivió una renovación de la mano de Ástor Piazzola quien, a través de sus composiciones y su bandoneón, lo llevó a las fronteras musicales con otras músicas, como el jazz. La línea más tradicional encontró en el Sexteto Mayor, Julio Sosa, Leopoldo Federico y Mariano Mores, exponentes que aún mantienen su vigencia.
Otra vertiente del desarrollo contemporáneo del tango está signada por el cruce con otros géneros, resultado de la incorporación de músicos jóvenes que lo han revitalizado a través de la incorporación de la electrónica y el rock. Algunos de esos proyectos son Gotan Project, Bajo Fondo Tango Club y Tanghetto.
En Buenos Aires, tres eventos ya se impusieron en la agenda mundial: son el Campeonato, el Mundial y el Festival de Tango que, desde hace una década, convocan a visitantes de todo el mundo.
Folclore
Conocido como una totalidad, el llamado "folclore nacional" es el género que más subgéneros, matices, estilos y producciones condensa. Cada región del país se caracteriza por imprimir un toque distintivo a su creación, multiplicando aún más la variedad.
Desde la época colonial, el folclore se ha instalado como el género musical que aunó la composición más vinculada con los pueblos originarios y las influencias colonizadoras. La zamba, la chacarera, el chamamé, la baguala, el carnavalito o la copla son subgéneros que encuentran mayor difusión en distintas provincias y que, a su vez, se han nutrido de intercambios con países limítrofes. Los instrumentos musicales que se destacan son el bombo legüero, la caja, el sicu, el charango y la guitarra.
Su máximo referente es Atahualpa Yupanqui. Autor, compositor, guitarrista y cantor que supo retratar la identidad y realidad de cada región, interiorizándose en las viejas culturas aborígenes. Con precisión y poesía, describió la situación política de los habitantes rurales, denunciando las históricas condiciones de explotación y pobreza. "El arriero" y "Luna tucumana" son, probablemente, sus canciones más conocidas.
El listado de folcloristas es extremadamente rico y está conformado por artistas de renombre internacional. Algunos de ellos son: Horacio Guarany, Jorge Cafrune, Mercedes Sosa, Eduardo y Juan Falú, Alfredo Ábalos, Sixto Palavecino, Liliana Herrero, Los Fronterizos, el Dúo Salteño, Peteco Carabajal, Los Chalchaleros, Chango Spasiuk, Teresa Parodi, Raúl Carnota y Soledad Pastorutti, por nombrar sólo a unos pocos.
En la ciudad de Cosquín, en la provincia de Córdoba, desde hace más de 50 años, se lleva a cabo todos los veranos el festival de folclore más importante de América Latina.
Rock
Argentina no fue inmune a la revolución cultural que significó el rock and roll como movimiento mundial. Desde inicios de los 60, los centros urbanos -Buenos Aires, Rosario, La Plata- fueron ávidos receptores del naciente género musical. Algo que caracterizó a este ingreso fue la rápida asimilación y transformación a partir de trazas locales.
Los Gatos -grupo rosarino liderado por Lito Nebbia- fueron quienes "inauguraron" la composición local de canciones de rock. Su primer hit fue "La Balsa", escrito por Tanguito. Otras agrupaciones se sumaron al escenario abierto: Almendra -con Luis Alberto Spinetta a la cabeza- y Manal -con Javier Martínez- iniciaron un hacer musical propio, basado en la música beat que se extendía mundialmente.
Ya a finales de la década del 60, otros solistas y sus agrupaciones fueron engrosando la lista y, a su vez, ampliando la gama de estilos y subgéneros: Pappo's Blues, La Pesada del Rock and Roll, Arco Iris (fundado por Gustavo Santaolalla) y Vox Dei incorporaron elementos más duros en la textura sonora de la época.
Los 70 se iniciaron con el nacimiento de dos bandas antológicas, lideradas por quienes llegaron a ser los máximos referentes del rock argentino: Pescado Rabioso, de Luis A. Spinetta, y Sui Generis, dúo encabezado por Charly García junto a Nito Mestre. Pescado Rabioso, exponente de un rock más áspero, y Sui Generis, que amplió los horizontes con el rock acústico, fueron ejemplos de composiciones musicales renovadoras, acompañadas por letras poéticas.
Este período marca la entrada del rock nacional a cierta masividad, con la organización de conciertos en los cuales participaban varias bandas. El hecho paradigmático fue el recital despedida de Sui Generis en 1975, que convocó a una multitud de jóvenes.
La fuerte movilización política y la instauración de una cruenta dictadura militar a mediados de los '70 significaron el momento de mayor resistencia y contracultura de la música joven. Así, grupos como La Máquina de hacer Pájaros y Serú Girán -ambos liderados por Charly García-, Invisible -de Luis Spinetta- y solistas como León Gieco, se convirtieron en referentes, no sólo por el compromiso social de sus letras, sino también por la renovación musical que introdujeron.
A principios de los '80, el rock nacional sufrió un impulso proveniente de un hecho poco feliz: con la Guerra de Malvinas -en 1982-, el gobierno militar prohibió la música en inglés. Esto llevó a que las radios debieran difundir música en español, beneficiando a los artistas locales, como Lito Nebbia, Moris, Piero, León Giego y Miguel Cantilo.
Con la apertura democrática, en 1983, las manifestaciones artísticas volvieron a ocupar un lugar preponderante luego de años de censura y persecución. De esta manera, se produjo una explosión de bandas y solistas que, a través de sus letras, criticaron los años de violencia y advertían sobre los problemas sociales de la época. García y Spinetta continuaron a la cabeza del rock, generando composiciones únicas, que mezclan géneros y estilos. El grupo platense Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota -liderado por Carlos "Indio" Solari y Skay Beillinson- salió a la superficie con su rock más visceral y letras de alto lirismo y crítica social, pero también reconocido por no aparecer en los medios masivos de comunicación (hecho poco frecuente a nivel mundial) y editando sus propios discos. La música más "moderna" o bailable encontró en Virus, Los Abuelos de la Nada -formado por Miguel Abuelo y el joven Andrés Calamaro- y Los Twist una estimulante base. Otros grupos, como Los Fabulosos Cadillacs o Los Pericos, incursionaron en ritmos como el ska, el reggae y el dub. Los Violadores tomaron al punk. Y Riff, fundado por el genial guitarrista Pappo, se hizo cargo del rock más duro.
Esta década también vio nacer a dos grupos que harían historia: Soda Stereo y Sumo. El primero, un trío conformado por Gustavo Ceratti, Zeta Bosio y Charly Alberti, introdujo sonidos nuevos y una cuidada estética, que lo convirtieron en líder indiscutido de América Latina. Sumo, creado por el ítalo-inglés-argentino Luca Prodán, profundizó en sonoridades hasta ese momento desconocidas en Argentina, haciendo lo que muchos llaman el "mejor reggae" local. Con su separación, se formaron dos bandas que, hasta hoy, son guías indiscutidas: Divididos y Las Pelotas.
Durante estos años también apareció en escena un grupo de músicos de la ciudad de Rosario que renovaría la escena: Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré y Fito Paéz.
La época de masividad e industrialización puede situarse, en líneas generales, a partir de la década del '90, cuando los mega recitales se institucionalizaron como eventos consagratorios para los músicos. A la popularidad de García, Páez, Spinetta, Calamaro, Los Redondos de Ricota y Soda Stereo, se sumaron bandas como: Los Piojos y Bersuit Vergarabat, centradas en la mixtura de sonidos rioplatenses y latinos; La Renga, con un rock más crudo y un inmenso poder de convocatoria; Viejas Locas, representante del llamado rock barrial; y Babasónicos, con su música más alternativa.
Clásica
Argentina estuvo fuertemente influenciada por la cultura europea. La recepción de la música erudita y sus instrumentos comenzó desde muy temprano, pero fue a partir del siglo XVIII que su difusión proporcionó una raigambre que permanece hasta hoy.
El período de emancipación, que va desde 1810 a 1816, tuvo entre sus figuras al español Blas Parera, compositor de la música del Himno Nacional. Otros creadores, como Juan Esnaola o Juan Bautista Alberdi, fueron los primeros nacidos en tierra argentina. El período que va desde 1850 hasta comienzos del siglo XX estuvo signado por la experimentación con estilos folclóricos. El nombre más destacado es el de Carlos López Buchardo, quien en 1924 fundó el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico que hoy lleva su nombre. Ya entre el 40 y el 50, la composición local recayó en los primeros egresados del Conservatorio. De ese período sobresalieron Alberto Ginastera y Carlos Guastavino. Y de la década del 60 se destacan Alicia Terzian, Gerardo Gandini y Waldo de los Ríos, músico ecléctico recordado por haber popularizado piezas clásicas a través de su modernización.
En la actualidad, el acervo de músicos clásicos argentinos disfruta de reconocimiento mundial gracias al talento de Daniel Barenboim, Martha Argerich, Bruno Gelber y Gabriel Senanes.
Una mención aparte merece la tradición de edificar importantes teatros dedicados a la difusión de la música clásica, la lírica y el ballet -con sus respectivos y prestigiosos cuerpos estables-, que dan cuenta de la temprana devoción de los centros urbanos argentinos por este género musical. El Teatro Colón en Buenos Aires -con la mejor acústica del mundo, según los entendidos-, el Argentino en La Plata o el Gran Teatro de Córdoba son una muestra de ello.
Otro dato interesante para destacar es la existencia de diversos cuerpos musicales, la gran mayoría de gestión estatal, con renombre internacional, como la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta Nacional de Música y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Otros géneros
Hay géneros que si bien no son preponderantes, han adquirido un desarrollo notorio a través de los años y merecen ser mencionados. El jazz, la cumbia y la música electrónica son algunos de los que, con tesón, se han instalado en la cultura local y han adquirido proyección internacional.
Artistas locales como Oscar Alemán, Mono Villegas, Gato Barbieri, Roberto Fats Fernández, Hugo Pierre y Jorge Navarro, Gustavo Bergalli, entre muchos otros, le dieron un lugar importante al jazz, especialmente en Buenos Aires. Y originaron nuevas texturas y sonoridades a través de las fusiones con el tango y la música rioplatense.
La cumbia, ritmo originario de Colombia, adquirió matices propios al introducirse en Argentina y pasó a tener identidad autónoma. Con melodías simples, bailables y alegres, su fusión con las maneras de hacer folclore de cada provincia derivó en el surgimiento de cadencias propias, con una larga lista de grupos y solistas. La expansión de la cumbia fue simultánea al proceso de mixtura local con ritmos centroamericanos, como el bolero, la rumba, la salsa y el hip hop. El Cuarteto, oriundo de la provincia de Córdoba, es quizás la vertiente más conocida y que más ha afianzado sus características distintivas a lo largo de todo Latinoamérica.
La música electrónica encontró en el país un estimulante recibimiento. Sus centros urbanos, especialmente Buenos Aires y Rosario, gozan de un prestigio internacional en lo relativo a la abultada oferta nocturna de discotecas. Es por ello que no suena extraño que dj's como Diego Ro-K, Hernán Cattaneo, Villa Diamante o Romina Cohn, se hayan ganado un lugar en la escena rave mundial.
Danzas
"Erke, charango y bombo, carnavalito para bailar", mujeres y hombres cantan y se mueven al ritmo argentino. Entre pañuelos y zapateos los danzantes disfrutan cada uno de sus movimientos. Las danzas tradicionales son siempre objeto de alegría entre bailarines y espectadores. Algunos bailes conllevan una suerte de conquista del hombre hacia la mujer con movimientos sensuales y románticos, como el Tango o la Zamba. Los bailes así como los lugares bailables son otro clásico argentino, cada pueblo tiene su boliche y sus pistas repletas cada fin de semana.
Entre los bailes más populares y tradicionales el Carnavalito pertenece al grupo de las grandes danzas colectivas, es jovial y se ejecuta alegremente a modo de juego inocente y familiar. Es anterior al descubrimiento de América y aún hoy se practica comúnmente en la región norte del país. Los bailarines suelen moverse en torno a los músicos o en hilera. Una mujer o un hombre con un pañuelo en la mano se encargan de dirigir y todos cantan la misma copla o entrecruzan improvisaciones. Los danzantes forman filas del brazo o de la mano y simulan figuras sencillas.
El Chamamé, nace en la Provincia de Corrientes, muy extendida también a las de Chaco, Formosa, Misiones y norte de Entre Ríos. Según Antonio Tarragó Ros: "En el Archivo de Indias, en España, hay documentación que demuestra que nuestra música ya existía cuando llegaron las misiones jesuíticas a Yapeyú. Los jesuitas instalaron en esa zona la fabricación más grande de instrumentos musicales del Río de la Plata y se cree que el acordeón nos llegó con ellos. Lo cierto es que al Chamamé le vino bien por la escala diatónica y así se fue incorporando. En la época de la colonia las damas de la sociedad aprendían a bailarlo con maestros indios".
En el centro del país rondeando el año 1600 por la llanura pampeana nació el malambo. Es un baile ejecutado sólo por hombres y guitarras que acompañan el movimiento de zapateos, cepilladas y repiques. Hoy en día, el malambo tiene dos estilos: el sureño (Provincia de Buenos Aires y la región pampeana) y el norteño. En el primero, las figuras son suaves, el bailarín muestra ingenio y habilidad, dejando a un lado la rudeza. El segundo, en cambio, se caracteriza por un compendio de destreza, brío y agilidad.
Siguiendo por la llanura, el pericón se trata de un baile típico muy elegante de la llanura pampeana. En el pasado, recibió el nombre de "baile de cuatro", en razón de ser ése el mínimo de parejas necesarias y porque la coreografía de la danza primitiva se componía de sólo cuatro figuras llamadas, por su orden: demanda o espejo, postrera o alegre, cadena y cielo. A cada una de ellas corresponden varios movimientos distintos, que se ejecutan de acuerdo con las órdenes que dan, según el caso, el cantor o el "bastonero" -especie de director- y siguiendo el ritmo de vals lento o sobrepaso, característico de todos los pericones.
Sin duda el baile típico rioplatense, difundido internacionalmente, es el Tango. Al compás de dos por cuatro, surgió en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires a fines del siglo XIX. Nacido de la convivencia entre inmigrantes, negros y gauchos que hicieron del tango un producto cultural único en el mundo. Al tango se lo vincula con la milonga, aunque tiene un ritmo mucho más rápido y sus letras suelen ser más picarescas.
La chacarera es una danza alegre y pícara. Si bien ya se encuentra difundido a lo largo de todo el país, su nacimiento fue en la Provincia de Santiago del Estero. Se baila en parejas sueltas y con un zapateo constante.
La zamba es una de las danzas preferidas por excelencia. El hombre festeja a la mujer con ternura y ella acepta, aunque lo esquiva coquetamente. Luego de enamorarla, llega el triunfo del varón, quien la corona poniéndole el pañuelo, como abrazándola. Nos viene de la zamacueca (Lima-Perú) y de la cueca chilena. Tomó su nombre de la antigua danza peruana homónima, no así su coreografía. Al acriollarse incorporó el pañuelo - como una extensión de la mano - que juega un rol importante, ya que a través de él los bailarines expresan estados de ánimo, sugerencias y deseos. Su baile en pareja suelta e independiente se popularizó en casi todo el país.
El arte en su máxima expresión
El arte plástico es la simple expresión de una idea por la mera voluntad de su autor. La Argentina, en sus dos siglos de historia, mostró su gran calidad en el arte mundial. Abanderada por Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Raúl Soldi, Emilio Pettoruti y Benito Quinquela Martín, entre otros, supo ganarse respeto y lugar en todo el mundo.
Hoy el arte nacional sigue manteniendo esa mística y marca registrada que hacen que los grandes museos y galerias del mundo colmen sus salas de orgullo a los artistas argentinos. Guillermo Kuitca , por citar un caso, fue homenajeado por el curador de la Bienal de Venecia 2007 y su obra ya es patrimonio permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York. El arte plástico argentino puede verse en su complitud en más de 150 museos y sus galerías.
Literatura con historia
En pleno siglo XIX, aparece la literatura gauchesca de la mano de Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo y la obra maestra del género, "Martín Fierro", donde José Hernández retrata como nadie la idiosincrasia del gaucho y su carácter nacional. El poema es considerado el "Don Quijote" de los argentinos.
Surge Esteban Echeverría con su poema "La Cautiva" retratando el ambiente rural de la llanura pampeana y el cuento de estilo realista "El matadero".
Avanzado el siglo y la organización de la Argentina como nación, surgen las crónicas históricas de Bartolomé Mitre y el "Facundo" de Domingo Faustino Sarmiento, manifiesto ideológico de los Unitarios, que alentaban la consolidación de un gobierno central y fuerte que facilitara la inmigración europea.
Con la generación de 1880 se acentúa la literatura con señales propias y Buenos Aires comienza florecer por sobre las demás provincias. Se destaca la poesía lírica de Almafuerte, los primeros ensayos de la mano de José Manuel Estrada, Joaquín V. Gonzáles y Pedro Goyena. Dentro de la narrativa surgen Miguel Cané, Eugenio Cambaceres y Julián Martel, entre otros.
En las puertas del siglo XX, el poeta nicaragüense Rubén Darío se convierte en una profunda influencia para la nueva estética que caracterizó el trabajo de Leopoldo Lugones, ineludible símbolo de la poesía argentina.
Paralelamente, se abre camino la poesía de estilo "sencillista", de poetas como Baldomero Fernández Moreno y Evaristo Carriego. El de Horacio Quiroga y Roberto J. Payró fue un estilo más criollo. Ricardo Güiraldes publica la novela rural "Don Segundo Sombra", donde destaca al gaucho como personaje legendario.
Aparecen narradores sociales, influenciados por la literatura rusa. Roberto Arlt fue el máximo exponente con textos que tenía como protagonista principal a la vida marginal de las ciudades. Juan Filloy comienza una larga carrera de más de 30 obras donde realiza una filosa crítica a las costumbres humanas, repleta de humor, parodias e ironía.
En la década del 40 brilla Jorge Luis Borges, ícono mundial de las letras argentinas. Extensamente traducido y leído en todo el mundo es uno de los literatos más aclamados del siglo XX.
Ernesto Sábato publica "El túnel", su primera novela y Leopoldo Marechal el "Adán Buenosayres" una de las obras fundamentales de la literatura argentina.
Los sonidos de una ciudad
TANGO
De origen netamente popular, gestado en suburbios, prostíbulos y conventillos de Buenos Aires, el tango (que significa "lugar de reunión de los esclavos") es inseparable de la melancolía de su música y letras y la sensualidad y pasión de su danza.
En sus inicios, que arbitrariamente podrían situarse a mediados del siglo XIX, eran la flauta, el violín y la guitarra los principales instrumentos utilizados. A partir de 1900, con la fuerte presencia inmigratoria, se sumó el bandoneón, el cual tomó un protagonismo que dura hasta hoy.
Carlos Gardel, el "Zorzal Criollo", fue quien popularizó el tango como canción durante las primeras décadas del siglo XX y se convirtió en el emblema mundial de este género y en un símbolo de la cultura argentina.
A partir de la década del 40, con la consolidación de las industrias culturales locales, en especial la radio y el cine, el tango entró en su edad dorada, con compositores y cantantes como Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Enrique Cadícamo, Tita Merello, Virgilio y Homero Expósito, Alberto Castillo, Enrique Santos Discépolo, Horacio Salgán y Homero Manzi, entre una innumerable lista.
Roberto Goyeneche inició su carrera a mediados de los 50. Sin embargo, fue uno de los tangueros más versátiles, dueño de un fraseo y estilo único que lo ubican transversalmente a lo largo de la historia del tango. Hasta su muerte, en 1994, fue reivindicado por todas las generaciones. Además, el "Polaco" Goyeneche apadrinó la carrera de Adriana Varela, singular cantora que se ha posicionado como una de las voces femeninas actuales del 2x4.
Entre los 60 y los 70, el tango vivió una renovación de la mano de Ástor Piazzola quien, a través de sus composiciones y su bandoneón, lo llevó a las fronteras musicales con otras músicas, como el jazz. La línea más tradicional encontró en el Sexteto Mayor, Julio Sosa, Leopoldo Federico y Mariano Mores, exponentes que aún mantienen su vigencia.
Otra vertiente del desarrollo contemporáneo del tango está signada por el cruce con otros géneros, resultado de la incorporación de músicos jóvenes que lo han revitalizado a través de la incorporación de la electrónica y el rock. Algunos de esos proyectos son Gotan Project, Bajo Fondo Tango Club y Tanghetto.
En Buenos Aires, tres eventos ya se impusieron en la agenda mundial: son el Campeonato, el Mundial y el Festival de Tango que, desde hace una década, convocan a visitantes de todo el mundo.
GASTRONOMIA
Un buen asado criollo; una ensalada gourmet; un plato de pastas, con un excelente vino Malbec, es algo que nadie puede rechazar. La argentina tiene sabores diversos; aromas que invitan a recorrerla. Los climas del país matizan cada bocado, cada comida; tradición y modernidad se unen en cada uno de sus mejores restaurantes.
Un caminito gastronómico
En la ciudad de Buenos Aires, hay comidas de diferentes regiones. Por zonas, la Costanera Norte y Puerto Madero son reconocidas por sus parrilladas; la Avenida de Mayo es el eje de la comida española; las pizzas más tradicionales están en la calle Corrientes; y las zonas de plaza Cortázar, Palermo, Recoleta y Las Cañitas ofrecen platos más elaborados, refinados y exóticos.
Todas las colectividades latinoamericanas y europeas que residen en Buenos Aires están representadas con sus restaurantes: bolivianos, peruanos, armenios, españoles, italianos, o uruguayos. Pero además hay locales especializados en comida hindú, tailandesa, vegetariana, japonesa, china, mexicana, entre otras.
En gran parte de las provincias de Santa Fe y Córdoba y el norte del distrito de Buenos Aires, donde se radicaron muchos italianos, son comunes las preparaciones de salames, bondiolas, salamines y longanizas, así como la bagna cauda. Este último es un plato del Piamonte italiano y consiste en la colocación en un recipiente de terracota una salsa a base de aceite, nueces y ajos triturados y anchoas saladas, que se calienta sin llegar a hervir, y con la cual se untan distintos tipos de vegetales crudos y cocidos.
La gastronomía del norte y parte del oeste de Argentina recibe la influencia de los aborígenes americanos. En las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan o San Luís sus habitantes comen alimentos de origen andino como el maíz (choclo), la papa, los ajíes y los pimentones, y otros de origen europeo. Las empanadas de esta región son famosas en todo el país.
Destacan las de Salta, Tucumán o Santiago del Estero, especialmente las de carne. También se preparan otros platos típicos, como la humita o el tamal, a base de maíz y un sabroso guiso preparado principalmente con granos de maíz o porotos (alubias): el locro. En las zonas más húmedas se cultivan porotos (alubias), tomates, zapallos, ajíes o palta y las especies introducidas que abundan son las vides, los olivos y distintos tipos de frutas como duraznos, peras, damascos, ciruelas y manzanas.
En la zona comprendida por Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa, así como parte de Entre Ríos, Santa Fe y Santiago del Estero, la comida más habitual tiene entre sus componentes la mandioca, el arroz, los pescados de río y el mate, que en esta zona también se bebe frío. En cuanto a los pescados, son muy sabrosos el pacú, el dorado, surubí, boga, patí y el pejerrey. Suelen comerse asados, aunque a veces son condimentados con jugo de limón y otros adimentos.
En la zona austral de la Patagonia, es evidente la influencia de la Europa del Norte y Central. La inmigración galesa introdujo en Chubut la torta negra y el llamado queso Chubut, mientras que la centroeuropea ha difundido la preparación de ciertos postres y dulces, chocolates, así como las carnes ahumadas de jabalí, ciervos y salmones. Los pueblos prehispánicos aportaron los panes y tortas de harina de semilla de pehuén, el condimento llamado merken y los dulces de frutos.
Las costas oceánicas y los lagos de esta región proveen pescados para "patés" y cazuelas. Son reconocidos los guisos de calamar, pulpo, abadejo, salmones, truchas, centolla, congrio, ostras y langostinos. En la región de los Andes se producen cervezas artesanales, ya sean de tipo irlandés como de tipo centroeuropeo. En los valles de Río Negro y Neuquén (e incluso en el noroeste de Chubut) se producen vinos blancos finos del tipo Riesling, siendo éstos los viñedos más australes del planeta.

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