PARAGUAY
Los diferentes aspectos culturales que florecen en Paraguay tienen fruto en la diversificación de clases provenientes de la cultura indígena tradicional, y la cultura popular, que fue introducida por los conquistadores.
MUSICA
La música es una de las expresiones más singulares e identificadoras del Paraguay. La misma apareció como creación del criollo, a mediados del siglo XIX. La Polca, que adoptó el nombre de un ritmo europeo, es la forma más típica y tiene sus versiones ligeramente distintas en la Galopa, el Kyre'ÿ y la Canción Paraguaya. Las dos primeras son más rápidas y alegres que la polca convencional y la tercera, un tanto más lenta y melancólica. Otras formas populares constituyen el Purahéi Jahe'o y el Compuesto, que cantan generalmente historias tristes, amorosas o épicas.
La polca suele apoyarse en una letra poética, pero existen piezas instrumentales emblemáticas de la música paraguaya como Pájaro Campana de Félix Pérez Cardozo.
La Guarania es la segunda forma más conocida de música paraguaya y la misma fue creada por el gran músico José Asunción Flores en 1925, con un ritmo más lento que expresa admirablemente el carácter melancólico del hombre paraguayo. Cuando esta nueva forma alcanzó un gran éxito, el músico avanzó un poco más en su innovación y creó la guarania sinfónica, cuyos ejemplos son las conocidas piezas Mburicaó y Panambí Verá. Sus composiciones más ambiciosas fueron los poemas sinfónicos como María de la Paz y Ñanderuvusú.
La música paraguaya se apoya fuertemente en dos instrumentos: la guitarra y el arpa, cuyos primeros ejemplares fueron traídos por los conquistadores y encontraron carta de nacionalidad y estilo propio en el país. Félix Pérez Cardozo fue el artista que llevó al arpa paraguaya a su trascendencia internacional, junto a Digno García, Luis Bordón, y Lorenzo Leguizamón. Entre los mejores cultores contemporáneos están Nicolasito Caballero, César Cataldo e Ismael Ledesma, este último un gran innovador de la música de arpa.
La guitarra encontró un eximio compositor e intérprete en Agustín Pío Barrios (también conocido como "Mangoré"), calificado por la crítica como el "Paganini de la guitarra", que creó composiciones de alta técnica como La Catedral, Las Abejas y Danza Paraguaya.
A partir de la década del 40, muchos músicos paraguayos y podría decirse los mejores, sufrieron el destierro o se autoexiliaron por la difícil situación que vivía el país. Junto a los citados José Asunción Flores y Agustín Barrios, puede mencionarse a Herminio Giménez, Carlos Lara Bareiro y Francisco Alvarenga.
Entre los músicos que quedaron en el país, Remberto Giménez creó la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción y Juan Carlos Moreno González la Zarzuela Paraguaya. Otros importantes autores posteriores son Florentín Jiménez, Luis Cañete, Nicolás Pérez González y Luis Szarán.
Entre los grandes compositores de música popular están Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Herminio Jiménez, Demetrio Ortiz y el requintista Efrén Echeverría.
A partir de los años 70, la música paraguaya mostró señales de renovación y aparecieron la corriente del Nuevo Cancionero y la Avanzada de Oscar Nelson Safuán. El Nuevo Cancionero tuvo creadores prolíficos como Maneco Galeano y Carlos Noguera, e intérpretes destacados como el grupo Ñamandú y el grupo Sembrador. En otra línea experimental que combina diferentes lenguajes musicales se inscriben los músicos René Ayala y Rolando Chaparro. En una línea más cercana a lo tradicional, hay que mencionar al requintista Juan Cancio Barreto y al dúo Vocal Dos, entre otros.
A partir de los años 80 se nota una gran actividad de la música culta, con nuevos nombres que van alcanzando reconocimiento: Daniel Luzco, Saúl Gaona y Diego Sánchez Haase. La guitarra culta ha dado dos nuevas intérpretes de refinada técnica: Berta Rojas y Luz María Bobadilla, en tanto se crearon la Orquesta Sinfónica Nacional y varias orquestas juveniles. Un creciente movimiento de rock nacional y la nueva "Canción Social Urbana" aportan lo suyo en el rico panorama actual de la música paraguaya.
LENGUAS
El pueblo paraguayo, producto del mestizaje hispano-guaraní, habla mayoritariamente dos lenguas: el castellano, traído por los colonizadores, y el guaraní, heredado de sus ancestros indígenas, considerado uno de sus rasgos identitarios más importantes. Cuando los conquistadores se afincaron en las márgenes del río Paraguay, se asombraron al conocer una lengua "tan copiosa y elegante, que con razón puede competir con las de fama", según expresaba Antonio Ruiz de Montoya en su Tesoro de la Lengua Guaraní.
La Constitución Nacional vigente, promulgada en 1992, expresa en su artículo 140: "El Paraguay es un país pluricultural y bilingüe. Son idiomas oficiales el castellano y el guaraní. (...)Las lenguas indígenas, así como las de otras minorías, forman parte del patrimonio cultural de la Nación". Por otro lado, en su artículo 77, esta Constitución anunciaba que "La enseñanza en los comienzos del proceso escolar se realizará en la lengua oficial que sea la materna del educando".
De acuerdo con los últimos datos oficiales, el 50 % de la población habla guaraní y castellano, el 40% es monolingüe del guaraní, el 6% es monolingüe del castellano, y el conocimiento del guaraní, comprendiendo sus diversas gradaciones de dominio, alcanza al 90%.
LA LENGUA GUARANI
Perteneciente al gran tronco lingüístico sudamericano Tupí-Guaraní, esta lengua abarca dentro del territorio paraguayo los dialectos correspondientes a los Mbyá, los Avá Guaraní, los Pãi Tavyterá, los Guarayo, los Guaraní Ñandéva y los Aché Guayakí, a los que se agrega el denominado "guaraní paraguayo" hablado por la mayoría de la población del país.
El guaraní alcanzó con la Constitución de 1992, el reconocimiento de lengua oficial de estado para todo el territorio, en igualdad de condiciones con el castellano, una reivindicación que ha aumentado su prestigio entre los estudiosos de las lenguas americanas y los intelectuales de las más importantes universidades del mundo.
Los fundamentos del reconocimiento del guaraní como lengua oficial fueron elaborados por el escritor Rubén Bareiro Saguier, y sus argumentos fueron apoyados por otros dos escritores: Carlos Villagra Marsal y Tadeo Zarratea, todos ellos respetados investigadores y defensores de la lengua guaraní.
La nueva Constitución del Paraguay sentó las bases para una paulatina revitalización y dignificación del guaraní. En 1993 se creó la Comisión Nacional de Bilingüismo, que juntamente con el Consejo Consultivo para la Reforma de la Educación, diseñaron el Programa de Educación Bilingüe con dos modelos: uno dirigido a los niños hispanohablantes, y otro, a los guaranihablantes. Este Programa empezó a implementarse en 1994 y ha dado resultados altamente satisfactorios en su primera década de experimentación.
LITERATURA
El Paraguay, en su condición de país bilingüe, muestra una rica literatura escrita en castellano y una literatura escrita en guaraní que recibió un gran aliento y vive un notable crecimiento luego del reconocimiento oficial de la lengua en la Constitución del 92.
LITERATURA EN CASTELLANO
La literatura paraguaya en castellano tuvo su primera etapa de afirmación en las primeras décadas del siglo XX, época en que aparecieron los escritores Natalicio González, Manuel Domínguez, Manuel Gondra y Rafael Barret -este último de origen español-, que cultivaron preferentemente el ensayo, y los poetas y prosistas que se identificaron con el modernismo y militaron en las revistas Crónica y Juventud, como Manuel Ortiz Guerrero, Eloy Fariña Núñez y Guillermo Molinas Rolón.
A este grupo siguió la brillante generación del 40, muchos de cuyos integrantes se reunían en el cenáculo denominado Vy'a Raity. A esta promoción perteneció Josefina Plá, escritora y artista española llegada al país en 1926 que adoptó al Paraguay como su segunda patria y legó a este país una obra sin parangones que abarcó todos los géneros literarios, con más de 100 títulos.
También integró esta generación Augusto Roa Bastos, el primer escritor paraguayo que alcanzó el mayor galardón literario hispánico, en 1989: el Premio Cervantes de Literatura. Roa Bastos es considerado uno de los precursores más importantes del movimiento del "Boom" que dio a la literatura latinoamericana sus más destacadas figuras.
Otros destacados escritores de este grupo fueron los poetas Hérib Campos Cervera, Elvio Romero y Oscar Ferreiro, y los narradores Gabriel Casaccia y Juan Bautista Rivarola Matto.
La generación siguiente, correspondiente al 50, no fue menos importante y dio al Paraguay algunos de sus mejores poetas. Surgida de la Academia Universitaria liderada por el sacerdote y docente español César Alonso de las Heras, la misma cobijó a figuras importantes como Rubén Bareiro Saguier, José Luis Appleyard, Ramiro Domínguez, Carlos Villagra Marsal y José María Gómez Sanjurjo.
Dentro de los grupos mencionados surgió la literatura paraguaya del exilio, cuyos más destacados representantes fueron los mencionados Augusto Roa Bastos, Rubén Bareiro Saguier y Elvio Romero, quienes sufrieron el destierro por su posición contraria a la dictadura de Stroessner.
La generación del 60 aportó otras figuras destacadas como las de los poetas Jacobo Rauskin, Esteban Cabañas, Víctor Casartelli y Gladys Carmagnola y los narradores Osvaldo González Real, Renée Ferrer y Raquel Saguier.
Entre los escritores surgidos en las últimas décadas que han venido alcanzando reconocimiento se pueden citar a los narradores Helio Vera, Sara Karlik y Guido Rodríguez Alcalá y algunas figuras que integraron el Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero, como Mario Casartelli, Amanda Pedrozo, Ricardo de la Vega y Delfina Acosta.
LITERATURA EN GUARANI
El pueblo paraguayo, producto del mestizaje hispano-guaraní y heredero de dos lenguas mayoritarias, ha creado junto a la literatura escrita en castellano, otra no menos importante, que se expresa en guaraní.
La literatura en guaraní del Paraguay suele dividirse en tres grandes capítulos: la literatura indígena, la literatura popular y la literatura culta.
La literatura indígena, también llamada oratura en razón de que el antiguo pueblo guaraní no conocía la escritura y sus grandes poemas míticos se transmitían en forma oral, es un capítulo que se develó en las primeras décadas del siglo XX con las investigaciones del antropólogo alemán Kurt Unkel Nimuendaju.
A estos primeros hallazgos siguieron los del antropólogo paraguayo León Cadogan, cuya compilación titulada Ayvu Rapyta (El Fundamento de la Palabra), que se dio a conocer hacia el año 50, es considerado el más importante texto mítico de los indígenas guaraní, a la par de los grandes textos sagrados de otros pueblos americanos, como el Popol Vuh de los mayas.
Siguiendo a estas recopilaciones pioneras, otros antropólogos como Pierre Clastres, Carlos Martínez Gamba y Miguel Chase Sardi, fueron acrecentando lo que hoy ya es un importante corpus literario publicado en numerosos libros, al alcance de estudiantes e investigadores.
La literatura popular en guaraní tuvo su época de florecimiento en las primeras décadas del siglo XXy dio un importante grupo de poetas que alcanzaron una gran difusión a través de la música.
Los poetas de este grupo cultivaron una poesía que adoptó las formas clásicas de la lírica española como el Romance, generando su versión paraguaya en el "Compuesto" con el que cantaron historias de amor y de patriotismo, épicas y trágicas. Sus textos ilustran claramente el mestizaje hispano-guaraní, ya que muchos de ellos son el prototipo del "Jopara", la mezcla del guaraní y el castellano que habla gran parte de la población paraguaya.
Entre los más destacados poetas de esta época se cuenta a Félix Fernández, Emiliano R. Fernández, Teodoro S. Mongelós, Darío Gómez Serrato y Carlos Miguel Jiménez.
La literatura culta en guaraní surgió en la segunda mitad del siglo XX, cuando algunos poetas cultores de esta lengua empezaron a cortar sus lazos con las formas españolas y a experimentar caminos nuevos, para expresar al mismo tiempo, los temas de estos tiempos.
Entre los primeros que mostraron una poesía renovada estuvieron Félix de Guarania, Carlos Martínez Gamba y Carlos Federico Abente. A estos poetas siguieron otros como Modesto Escobar Aquino, Lino Trinidad, Ida Talavera, Miguel Angel Meza, Ramón Silva, Feliciano Acosta, Mario Rubén Alvarez y Susy Delgado.
La narrativa en guaraní nació en esta misma época y tuvo sus primeros cultores en Tadeo Zarratea y Carlos Martínez Gamba, entre otros.
La literatura en guaraní correspondiente a esta última etapa recogió todos los temas inspirados por la larga dictadura de Stroessner, y vive hoy una etapa de gran crecimiento, apoyada en la nueva condición de Lengua Oficial del guaraní.
TEATRO
El teatro paraguayo nació con una fuerte herencia española, en las huellas de las primeras escenificaciones de piezas traídas de la península, de autos sacramentales y pequeñas óperas. Esta influencia continuó hasta la época dorada de las zarzuelas y comedias españolas, ya entrado el siglo XX, en algunos casos con la venida de elencos españoles.
A Ildefonso Antonio Bermejo se debió la creación del Teatro Nacional, con la edificación de una sala, la conformación de un elenco y la contratación de compañías extranjeras, con los auspicios del presidente Carlos Antonio López, en la segunda mitad del siglo XIX.
El teatro paraguayo empezó a mostrar rasgos claros de identidad en las primeras décadas del siglo XX, con algunas figuras que dieron un fuerte impulso a esta expresión, como Josefina Plá, Roque Centurión Miranda, Fernando Oca del Valle, Manuel Ortiz Guerrero y Julio Correa, este último, uno de los creadores del teatro en guaraní. En 1940 se crearon la Compañía Paraguaya de Comedias y la Compañía del Ateneo, y en 1948, la Escuela Municipal de Arte Escénico.
A esta generación pertenecieron los dramaturgos más prolíficos que ha dado el Paraguay, entre los cuales están Mario Halley Mora, José María Rivarola Matto, Arturo Alsina y Josefina Plá.
El teatro popular tuvo un notable florecimiento en las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XX, con elencos destacados como los de Julio Correa, Ernesto Báez-Emigdia Reisófer y Roque Sánchez-Graciela Pastor. Los Compadres, dúo cómico integrado por César Alvarez Blanco y Rafael Rojas Doria, se sumó un poco más tarde a esta línea teatral y en otros géneros se destacaron figuras tales como Héctor de los Ríos, Jacinto Herrera, Mario Prono y María Elena Sachero.
Los años 60 y 70 vieron la aparición del Teatro Independiente, que renovó el teatro paraguayo en temática y lenguaje, iniciando caminos experimentales y propuestas innovadoras, al servicio de los temas sociales y humanos que no habían sido enfocados con profundidad hasta entonces. Se destacaron en esos años algunas compañías como La Farándula, Arlequín Teatro, Teatro Popular de Vanguardia, Tiempoovillo, Aty Ñe'e y Teatro Estudio Libre.
Entre los elencos de más reciente formación se cuenta el del Centro de Investigación y Divulgación Teatral, dirigido por Agustín Núñez, figura importante del teatro paraguayo contemporáneo, quien dirigió la puesta en escena de la novela "Yo El Supremo" de Augusto Roa Bastos, uno de los montajes más espectaculares y elogiados realizados en el país en las últimas décadas.
Otros importantes directores del teatro paraguayo actual son José Luis Ardissone, Miguel Gómez, Raquel Rojas, Tito Chamorro, Maluli Vera y Wal Mayans.
DANZAS
La danza paraguaya tuvo una historia paralela a la del teatro, haciendo camino sobre una fuerte herencia española. El baile de la Polca, conocida hoy como ritmo típico del Paraguay, nació en las huellas de la polca europea traída por los colonizadores, y las danzas tradicionales como el Pericón, la Palomita, el Chopï y el Solito, surgieron como variaciones populares de las danzas de salón que la clase aristocrática bailaba.
Hasta muy entrado el siglo XX, la danza cultivada en el Paraguay se circunscribió a estas modalidades populares y a la danza clásica que empezó a enseñarse en algunas academias como las de Tala Ern de Retivoff y Bertha Ortiz Faithman. Entre los primeros elencos importantes que se formaron se cuentan el Ballet Folclórico Municipal y el Ballet Clásico y Moderno Municipal, en la segunda mitad del siglo XX. Entre los nombres que abrieron camino a la danza en el Paraguay están los de Teresa Capurro, Celia Ruiz de Domínguez, Reina Menchaca, Nicole Dijhuis, y los hermanos Miguel y Perla Bonnín.
El lenguaje de la danza contemporánea ingresó al Paraguay en la década del 80, con la llegada de algunos maestros extranjeros y la pasantía de bailarines paraguayos en importantes compañías extranjeras. La figura más destacada de esos años, continuadora de la línea clásica en la mayoría de sus roles de repertorio, fue Eliana Rodas.
Entre los renovadores de la danza paraguaya están Graciela Meza, Marisol Pecci, Carmiña Martínez, Mary Carmen Niela y Wal Mayans. El Ballet Nacional y otros nuevos elencos abrieron camino a esta danza, que hoy asume temas universales o autóctonos con un lenguaje nuevo que no desdeña combinarse a veces con el teatro u otra expresión artística.
ARTES VISUALES
La pintura paraguaya mostró sus primeras manifestaciones en las últimas décadas del siglo XIX, correspondientes a la posguerra del 70. Dos artistas italianos, Guido Boggiani y Héctor Da Ponte introdujeron en el país las técnicas académicas y formaron a un importante grupo de artistas paraguayos.
Esa primera generación, cuya labor maduró ya en el siglo XX en una línea de influencias impresionistas, perfeccionó sus conocimientos y técnicas en Europa y estuvo integrada por los pintores Pablo Alborno, Juan A. Samudio, Jaime Bestard y Modesto Delgado Rodas. A la misma época corresponden Andrés Campos Cervera y Josefina Plá. Esta última, española de nacimiento, llegó al Paraguay en 1926, unida en matrimonio con el paraguayo Campos Cervera, de quien recibiría las primeras lecciones y se convertiría en figura capital del arte paraguayo, así como de la literatura y de la labor cultural en su más amplio concepto.
Otros extranjeros como el alemán Wolf Bandurek, con sus pinturas cercanas al expresionismo, sumaron sus aportes antes de la década del 50, que marcó una importante renovación en el arte paraguayo. En 1950 llegó al país el maestro brasileño Joäo Rossi, quien trajo los conceptos y técnicas de la pintura contemporánea y sentó las bases para la creación del grupo "Arte Nuevo".
El grupo "Arte Nuevo" marcó una ruptura del arte paraguayo con las formas académicas, se creó en 1954 y presentó la Primera Semana de Arte Moderno Paraguayo. Lo integraban Josefina Plá, Lilí del Mónico, José Laterza Parodi y Olga Blinder. Por esos mismos años se unieron al movimiento artístico Edith Jiménez y Hermann Guggiari.
Las décadas del 60 y 70 vieron un gran florecimiento de las artes plásticas en Paraguay, con la aparición de artistas que supieron expresar los rasgos profundos de la cultura paraguaya. Carlos Colombino, el artista plástico paraguayo que ha alcanzado mayor reconocimiento internacional, trabaja especialmente en sus xilopinturas que parecen dolerse de la gran tragedia del hombre. Por su parte, otra importante figura aparecida en esos años, Ricardo Migliorisi pinta a su época como un gran carnaval irreverente. Ignacio Núñez Soler, Mabel Arcondo y Laura Márquez son otros nombres importantes del campo de la pintura.
En 1964 aparece otro grupo significativo bajo la fuerte inspiración de Laura Márquez: Los Novísimos, integrado por Enrique Careaga, Angel Yegros, José Antonio Pratt Mayans y William Riquelme.
Unos años después se crea el grupo El Aleph, que congrega a Marité Zaldívar, Carlo Spatuzza, Engelberto Jiménez, Fátima Martini, Marcos Benítez, Mónica González y otros artistas.
Las líneas del arte paraguayo empiezan a dispersarse en propuestas nuevas como las técnicas mixtas de Osvaldo Salerno y Bernardo Krasniansky, y las experimentaciones de Miguel Heyn, Lucy Yegros y Félix Toranzos. Y la pintura sigue dando nuevos nombres como los cultores de la línea ingenua o naif Genaro Morales e Ysanne Gayet y el del expresionista Enrique Collar.
Las artes visuales paraguayas llegan a la época del apogeo de las técnicas combinadas y de las instalaciones. En los últimos lustros se destacan artistas como Ofelia Olmedo, Celso Figueredo, Marcelo Medina, Claudia Casarino, Bettina Brizuela, Enrique Espínola y Fredy Casco. Y aparece una entidad que nuclea no solo a artistas, sino también a críticos de arte, galeristas y personas relacionadas con las artes plásticas en general: Gente de Arte, que busca la afirmación y la inserción del arte paraguayo en el contexto mundial.
GRABADO Y DIBUJO
Un singular filón del arte paraguayo constituye el grabado, que tuvo su primera escuela importante en el Taller de Grabado Julián de la Herrería, del Centro de Estudios Brasileros, creado en 1956. Inicialmente dirigido por Edith Jiménez, luego estuvo a cargo del maestro brasileño Livio Abramo, quien llegó al país en 1962 para cumplir una valiosa labor cultural de 30 años, hasta su muerte.
Abramo trajo las técnicas del grabado moderno y de sus orientaciones surgieron varias generaciones de cultores de este arte, empezando por la pionera, integrada por Olga Blinder, Leonor Cecotto, Lotte Schulz, Jacinto Rivero, Miguela Vera y la mencionada Edith Jiménez. En este campo no se debe olvidar el nombre de Josefina Plá, que desarrolló una línea singular, con motivos indígenas y populares.
El dibujo dio también artistas destacados desde las primeras décadas del siglo XX, cuando aparecieron dos destacadas figuras: Miguel Acevedo y Andrés Guevara, que captaron admirablemente los tipos humanos de la época. Años después, otros dibujantes como Jenaro Hindú, Luis Alberto Boh y Selmo Martínez crean un lenguaje entre lo fantástico y lo surreal.
Y el maestro Livio Abramo aportó lo suyo también en este campo.
ARTE INDIGENA
La herencia cultural indígena ha dado un rico abanico de expresiones artísticas en el Paraguay. Consideradas inicialmente como simple "artesanía", su rescate y su reconocimiento como arte se debe en gran parte a arqueólogos, etnólogos e investigadores en general de las culturas indígenas que fueron desarrollando sus estudios desde comienzos del siglo XX.
Dentro del arte indígena del Paraguay se destacan la cestería y los objetos de ornamentación plumaria, que constituyeron las formas estéticas más antiguas de los pueblos guaraníes. La cestería, emparentada con el tejido indígena, abarca una gama muy amplia de canastos y bolsas creados para diferentes usos. La consistencia diferente está dada por los materiales, provenientes del tacuarembó, el caraguatá y el pindó, como los que proceden de los mbyá o los aché guajakí.
El arte plumario indígena proviene de distintas etnias, como los guaraní que utilizan los "jeguaka" o diademas de adorno para ceremonias especiales, o los nivaclé que visten unos penachos realizados con vistosas plumas. Además de gargantillas, brazaletes y tobilleras provenientes de diversos pueblos, una de las creaciones más impresionantes de arte plumario constituyen los mantos realizados íntegramente en bellas plumas, las que eran privativas de los shamanes guaraníes.
La cerámica es otra destacada expresión de arte indígena del Paraguay. La misma abarca desde antiguas urnas funerarias, hasta vasijas de uso culinario, cuya procedencia se conoce por la ornamentación con engobe, urucú o corrugado, así como por los motivos de la misma, que en el caso de algunos pueblos chaqueños, presentan influencias andinas.
Finalmente está el amplio filón de las tallas de madera, que abarca desde máscaras utilizadas por algunas etnias en determinados rituales, cachimbos, apyká o silletas y figuras diversas, antropomorfas y zoomorfas.
El contacto con los colonizadores produjo transformaciones o adaptaciones en algunas expresiones de arte indígena, como por ejemplo las gargantillas y otros ornamentos, que hoy se realizan con las mostacillas europeas, o el "Kurusú poty", las cruces floridas adoptadas de los misioneros, que los shamanes empezaron a utilizar como elementos protectores. Y al mismo tiempo, sus pautas estéticas, así como sus técnicas, influyeron profundamente en el arte mestizo o popular que apareció en el Paraguay con la colonización.
Entre los espacios museológicos dedicados al arte indígena, los más importantes son el Museo Etnográfico Andrés Barbero, creado en 1929, ubicado en Asunción, el Museo Guido Boggiani, fundado en 1989 sobre la base de los trabajos del Instituto Paraguayo de Prehistoria, ubicado en San Lorenzo, y el Museo de Arte Indígena, cuyo primer acervo data de 1987, cuando se creó el Centro de Artes Visuales que el mismo integra, e inaugurado como espacio individual en 1995, en Asunción. Estos museos albergan importantes muestras del arte indígena de diferentes etnias que habitan el territorio paraguayo.
En los últimos lustros es cada vez más frecuente disfrutar de muestras y ferias de arte indígena en el Paraguay, y es posible adquirir piezas en numerosos comercios especializados en el género.
ARTE POPULAR
El arte popular del Paraguay es una expresión del mestizaje cultural hispano-guaraní y tiene su origen en los antiguos talleres de oficios y artesanías creados en los primeros pueblos de la colonia. Este filón muestra la admirable fusión de elementos y técnicas de las dos herencias culturales que representa.
Las grandes innovaciones que aporta el nuevo arte popular son la utilización del horno para la cerámica y del telar para los tejidos, así como la utilización del cuero y los metales en nuevas formas artesanales.
En el campo de los tejidos, los antiguos motivos geométricos indígenas se trasladan a las nuevas artesanías de lana como la de San Miguel y la de algodón del Guairá. El Typói, antigua prenda típica de las mujeres paraguayas, representa no solo la introducción del telar para la elaboración de la tela denominada Ao Po'i, sino también del bordado, aprendido en los talleres de la colonia. El Ñandutí, fino encaje en forma de tela de araña realizado en lugares como Itauguá y Paraguari, nació como una adaptación local del encaje de Tenerife, Canarias.
La cestería, realizada especialmente en pueblos como Luque y Limpio, mostró igualmente innovaciones en la utilización de nuevos tintes y diseños, en tanto que trasladó algunas de sus antiguas pautas a nuevos objetos como las pantallas, tejidas al modo mbyá.
La cerámica alcanzó un gran desarrollo en algunos pueblos como Itá y Tobatí, antiguos asientos de indígenas. Y al igual que otras expresiones artesanales, introdujo nuevas técnicas y formas, como los pesebres, cuyos modelos originales fueron traídos por los evangelizadores cristianos, pero lograron diseños singulares en el Paraguay. Los antiguos ña'ë y otras vasijas adoptaron las asas de modelos españoles y las formas de cerámica se diversificaron en una gran variedad de objetos antropomorfos como las figuras eróticas de Itá, y zoomorfos que sugieren las formas de los más diversos animales.
En el terreno de las tallas de madera, los misioneros de la colonia introdujeron la artesanía religiosa, promoviendo el tallado de santos y objetos diversos para el culto. El tallado de santos como San Son, San Judas y San La Muerte se ha difundido mucho, en tanto que las antiguas máscaras indígenas se trasplantaron al culto de los "Kamba Ra'anga" (Figura del Rey Negro), en cada 6 de enero, en Tobatí.
La artesanía de plata, que abarca desde finas joyas hasta objetos religiosos, encontró su lugar de desarrollo en Luque, y adoptó a su vez pautas españolas. En menor escala se cultivó la artesanía en oro y piedras como el coral. Y en el campo de los metales, apareció también la artesanía en hierro, con la creación de admirables enrejados y otras formas, al modo de uso de España.
Finalmente, la artesanía en cuero, iniciada igualmente durante la colonia, se expresa en una gran variedad de objetos que abarcan desde los accesorios para montar, hasta muebles, baúles y valijas que lucen los bellos arabescos del repujado como los que se realizan en Carapeguá y otros lugares.
Una muestra admirable del más exquisito arte popular puede apreciarse en el Museo del Barro, dependiente del Centro de Artes Visuales, en la capital paraguaya. Y quienes desean adquirir objetos de este género, tienen a su disposición un gran número de comercios especializados, en las principales ciudades del país.
CINE: EL AUDIOVISUAL EN PARAGUA
Las primeras señales del cine en Paraguay datan de las décadas iniciales del siglo XX. En 1900 se realiza la primera proyección cinematográfica, en el Teatro Nacional, exhibiendo películas mudas, en blanco y negro. Cinco años más tarde llegaron al país algunos extranjeros que filmaron las llamadas "Vistas de actualidad". Entre ellos se contaba el argentino Ernesto Gunche, creador de las postales de principios del siglo 20, en el Paraguay. Gunche filmó con Eduardo Martínez de la Pera, documentales sobre las Misiones y las Cataratas del Yguazú y del Guaira.
Entre 1921 y 1922, el Marqués De Vauvrin, documentalista belga, filmó aspectos de la Región Oriental y del Chaco Paraguayo. El pionero realizador fue reconocido como el gran documentalista del cine de la época, con su material "En el pais del escalpelo", sonoro, filmado en varios países latinoamericanos.
En 1925, el alemán Hans Krieg, director de un zoológico alemán, realizó una expedición al Chaco paraguayo hasta la zona de Chiquitos, en Bolivia, realizando la documental "Expedition Paraguay". Krieg realizó otro documental titulado "Los indígenas del Gran Chaco".
PRIMERAS PELICUAS EN PARAGUAY
En 1925, los paraguayos Hipólito Jorge Carrón y su sobrino Agustín Carrón Quell, realizaron la primera película de producción local, "Alma paraguaya" que registraba una peregrinación a Caacupé, en la que puede verse al recordado Monseñor Juan Sinforiano Bogarín.
Carrón y su sobrino realizaron otras películas, documentales que mostraban imágenes de lugares como el Mercado Guazú, o de actividades como desfiles patrióticos con personalidades y autoridades de la época. Algunos de sus trabajos más destacados fueron "La catástrofe de Encarnación" (1926), que mostraba los graves perjuicios del ciclón que afectó a esa ciudad y la filmación del sepelio de Eligio Ayala, el presidente paraguayo asesinado en 1930.
Casi la totalidad de estas películas eran mudas, en blanco y negro, realizadas en 35 milímetros.
Agustín Carrón Quell, sobrino de Hipólito Jorge Carrón, filmó por su parte aspectos de la Guerra del Chaco, como algunas escenas de la batalla de Boquerón, en las que aparece el Mcal. Estigarribia.
Agustín Carrón Quell realizó también las primeras documentales científicas, en 16 Milímetros y el primer Noticioso Nacional de cine, así como la primera película sonora paraguaya, en 35 milímetros.
El doctor Juan Max Boettner se cuenta asimismo entre los pioneros del cine en Paraguay. El conocido médico, compositor y musicólogo, realizó numerosas filmaciones en blanco y negro a partir de 1939, y desde 1947, a todo color. Boettner produjo diversas documentales hasta 1952 y uno de sus materiales más importantes fue la primera filmación paraguaya de una operación, en 1947.
GASTRONOMIA PARAGUAYA
La cocina paraguaya, como todas las expresiones culturales, tiene una fuerte raíz indígena, si bien los hábitos alimenticios de los paraguayos se abrieron plenamente a partir de la colonia, a las recetas provenientes de Europa en primer lugar, y a las de todos los países del mundo, en los tiempos modernos.
Las bases de la gastronomía paraguaya se centran especialmente en dos alimentos de raíz indígena: la mandioca o yuca (tubérculo de generosas raíces), y el maíz (cereal americano por excelencia), de los cuales se conocen distintas variedades, y se extraen diferentes usos en la alimentación.
El procesamiento de la mandioca da origen a la fariña, el typyraty y el almidón, tres productos distintos, utilizados en diferentes platos. La presencia de la mandioca en la mesa paraguaya abarca desde la cotidiana presentación de las raíces hervidas en sal para acompañar los platos, hasta el exquisito chipá, típico pan elaborado con almidón de mandioca, leche, queso y huevos, que constituye el centro de algunas festividades como la Semana Santa.
Asimismo, el maíz se somete a distintos tratamientos, desde el choclo tierno utilizado en el delicioso chipá guasú hasta la harina de maíz utilizada en platos tan diversos como la sopa paraguaya -la única sopa sólida que se conoce- o el borí borí, espeso caldo en el cual se echan bolitas de maíz con queso.
Otros elementos básicos de la cocina paraguaya más antigua son la batata, el poroto, la calabaza, el maní y el coco, así como las carnes de aves y animales silvestres. A estos se agregó en los tiempos modernos, de un modo tal que se volvió imprescindible, la carne vacuna, reina absoluta de los asados domingueros; en menor medida, las carnes de cerdo, pollo y pescado; y en menor medida aún, la de ciertos animales como la oveja.
Las comidas típicas paraguayas recorren un amplio muestrario dentro del cual conviven algunos platos antiguos como el mbeyú, la deliciosa tortilla de almidón de mandioca, aderezada con queso, y el puchero, de claro origen español. De la extensa lista podemos extraer los nombres del jopara, el reviro, el locro, el arró quesú (arroz con queso al modo paraguayo), el lambreado, el pastel mandi'o, el payaguá mascada, el chicharö (chicharrón), el so'o yosopy (soyo), el caldo avá y el plenamente paraguayizado bife koyguá, suculento y jugoso bife acompañado de cebollas y huevos fritos. El quesú paraguái, queso elaborado al modo artesanal de los campesinos paraguayos, le da un toque especial a muchas de estas recetas.
Entre los postres típicos se pueden mencionar el kaguyjy (mazamorra), el kivevé, polenta dulce elaborada con el andaí y harina de maíz; el koserevá, dulce preparado con cítricos como el apepú; el ka'i ladrillo, dulce de maní presentado en pequeños bloques que recuerdan al ladrillo; el dulce de mamón; y el arró kamby, versión local del arroz con leche europeo.
Finalmente, no se puede olvidar el mate, infusión y ritual infaltable que inaugura cada jornada de los paraguayos, con sus poderes estimulantes que llegan desde el recipiente de porongo o palo santo, en el cual se echa la yerba mate (Ylex paraguayensis) y luego se vierte agua bien caliente, a través de una bombilla. El sabor y las bondades del mate pueden enriquecerse con diversas hierbas medicinales.
Las variantes del mate son el mate cocido, que se toma en una taza y puede mezclarse con leche, y el tereré, que se toma frío, y constituye una estupenda bebida refrescante para los largos y cálidos veranos paraguayos.
Las comidas típicas paraguayas, que hasta hace poco se desgustaban casi exclusivamente en los hogares -los restaurantes ofrecían solo algunos platos como la sopa paraguaya y el chipá guasú-, en los últimos años inspiraron la apertura de locales especializados, donde se puede disfrutar de un almuerzo o una cena paraguaya desde el primer plato hasta los postres, en ambientes decorados a tono, con la mejor artesanía del país.
TERERE
El nombre de Tereré es onomatopéyico, relacionado con los últimos tres sorbos que uno realiza al succionar la bebida. Una versión folclórica de la creación del tereré cuenta que durante la Guerra del Chaco (entre Paraguay y Bolivia, 1932-1935), las tropas paraguayas comenzaron a beber el mate frío para no encender fuegos que delataran su posición.
Otra versión es la que cuenta que durante la Guerra del Chaco, las tropas paraguayas comenzaron a beber el agua de "tajamares", o la podían obtener mediante la evaporación de la orina, filtrándola en la "guampa" con yerba u otras hierbas que disfrazaran el mal sabor.
De todos modos es un hecho que el tereré se popularizó en el Paraguay cuando los soldados veteranos del Chaco lo introdujeron en su vida cotidiana.
Otra versión más del origen del tereré lo relaciona con los mensú (esclavos de los yerbales en el Paraguay y noreste argentino, hasta mediados del s. XX), que si eran sorprendidos por los capangas (capataces) haciendo fuego para tomar mate eran brutalmente torturados, por lo que optaron por empezar a tomar el mate frío. Se presume por esta razón que fueron estos mensú, enrolados en filas del ejército paraguayo quienes introdujeron esta costumbre.
Sin embargo se cree que el tereré ya era bebido por los indígenas guaraníes, y que en el s. XVII los jesuitas aprendieron de ellos las virtudes de la yerba mate (ka'a en guaraní). Los mismos jesuitas elogiaron los efectos de la yerba, ya que daba un cierto vigor al que ingería la infusión y calmaba la sed mejor que el agua pura.
Según algunos, los guaraníes no tomaban mate (ni tereré) con bombilla, sino que tomaban la infusión de yerba ya colada (como un té) y también fumaban la hoja de yerba cruda, como tabaco.
